Hoy en día, hay mucha discusión sobre la zona de confort, siempre sugiriendo que es mala y que debes salir de ella. De hecho, la zona de confort es donde nos sentimos más cómodos. Pero también puede evitar que experimentemos una transformación importante. Aprender a salir de ella te ayudará a implementar cambios positivos en tu vida laboral y personal. Te invitamos a descubrir lo que hay fuera de tu zona de confort, y a través de ejercicios prácticos, explorar lo que realmente deseas y encontrar formas prácticas de lograrlo.

Sal de tu zona de confort, mantente activo y enfréntate a tus miedos. Probablemente es eso lo que has escuchado sobre la zona de confort, que es donde somos perezosos, procrastinamos, no hacemos deporte y donde nos cuesta mucho arrancar.

La zona de confort nos permite descansar y reponer fuerzas. La zona de aprendizaje es donde exploramos y crecemos como persona. Pero ¿por qué entonces se dice siempre que hay que salir de la zona de confort? Pues porque existe la posibilidad de quedarse estancados en la zona de confort. Ahí es donde nos sentimos seguros y podemos escondernos del mundo. Es como no querer levantarse por la mañana y salir de esa cama bien calientica cuando hace frío afuera. Y también es nuestro cerebro que nos dice: «Aquí estás bien, estás seguro, si cambias algo ahora quizás ya no te encuentres seguro».

¿Por qué salir de la zona de confort?

Mientras te encuentras en tu zona de confort, no aprendes nada nuevo, porque no te enfrentas a nada nuevo. Para crecer como persona, hay que aprender, y por eso debemos salir de esa zona. Cuando aprendemos en situaciones desconocidas, en algún momento esas situaciones dejan de ser nuevas y empezamos a acostumbramos a ellas, dejando de formar parte de nuestra zona de aprendizaje, incluyéndose así en nuestra zona de confort. Lo que queremos decirte, es que tu zona de confort se puede ampliar, y que puedes aprender de situaciones que en este momento te parecen desagradables. Entonces, miremos la zona de confort como un aprendizaje terminado.

Al principio de un aprendizaje todo es nuevo, y tardamos un poco en entender la situación, después de esta fase, evolucionamos rápidamente, hasta que llegamos a un punto donde ya no nos queda mucho para descubrir. En nuestra zona de confort estamos en esa última fase. Todo es conocido, no hay nada nuevo y cada día se parece al anterior. Es en ese instante donde tenemos que elegir, podemos quedarnos ahí o podemos hacer el salto a otra curva de aprendizaje. Podemos salir, romper con costumbres que nos bloquean y seguir creciendo en vez de quedarnos estancados. ¿Cómo puede ser que hay algo que queremos y que está a nuestro alcance, pero aun así no lo hacemos? Ahí es donde quedarnos en la zona de confort empieza a hacernos daño, nos hace sentir mal y perder oportunidades. ¿Qué pasaría cuando nos damos cuenta que en realidad ya no estamos a gusto? ¿Cambiáramos nuestro comportamiento?

Fuera de la zona de confort.

¿Qué es lo que deseo, pero no estoy haciendo?

¿Qué deseas, pero no lo estás haciendo? ¿Quieres ser más activo o cambiar tu estatus profesional? ¿O empezar un nuevo hobby? Tocar un instrumento. O desde hace mucho tiempo has pensado en apuntarte a una clase de yoga o formar parte de un equipo de fútbol, pero al final no lo has hecho. Salir de la zona de confort solamente por salir no parece una buena motivación. Todos tenemos deseos, así que saldremos en cierta dirección con un motivo que tenga sentido con el objetivo de conseguir el éxito que deseamos y estar más felices.

Ejercicios para encontrar tus deseos.

Nos gustaría enseñarte dos maneras muy simples para dirigir y mantener tu atención en tu objetivo (la visualización y la proyección). Lo importante de estas fases es saber qué pasará cuando logres tu propósito, sin todavía haberlo conseguido. Por ejemplo, si tu deseo tiene que ver con tu vida laboral, lo que te interesa es pensar en cómo estarás cuando hayas llegado a la posición profesional que deseas, qué cambios notarás en tu entorno, pero también en ti personalmente.

Definir una meta para conseguir tus deseos.

Nuestros sueños y deseos más profundos son importantes. Nos pueden guiar y nos dan una razón para actuar, pero nuestros primeros pasos siguen estando lejos de esa visión. Es importante que definamos metas concretas para guiarnos a nuestro objetivo. Para no desmotivarnos es fundamental que definamos metas alcanzables. Si quieres viajar por todos los continentes del mundo, eso, por ejemplo, es una meta bastante grande. Por eso, subdivide este objetivo y marca los pasos grandes que te hacen falta para llegar ahí. En este caso, empieza por un continente y piensa en los países que quieres visitar. De estos países, eliges uno, defines la fecha en la que te gustaría viajar, y ya tienes una meta bastante más alcanzable. Vas de grande a pequeño, de tu gran objetivo final a pequeñas metas, y así defines tus primeros pasos. Aparte de alcanzables, tus metas deberían ser específicas.

A la hora de marcar tus metas te puedes hacer estas tres preguntas. ¿Cuál es exactamente mi meta? ¿Cuándo quiero conseguirla? Y ¿es realista que logre esa meta en el tiempo propuesto? Hay cursos y libros enteros que hablan solamente sobre cómo definir metas. Si te interesa, te recomendamos que te informes más sobre ese tema. Verás que es uno de los aspectos que más impacto pueden tener en tu vida.

El poder del ahora.

A veces, puede ser difícil concentrarnos en nuestro objetivo, porque el presente ocupa toda nuestra atención. Si tu situación actual no es lo que te imaginabas, si hay aspectos que te gustarían mejorar, te aconsejamos que pienses en cómo te gustaría que fuera. Esto es el poder del ahora. Es poder elegir concentrarte en tu meta y actuar. Desde el ahora, no puedes actuar en el futuro, ni en el pasado. El único poder que posees es el poder de elegir qué haces en este mismo momento. Así que, si ayer no lo hiciste, no esperes a mañana. Por eso estás en el sitio perfecto, en la situación perfecta, para moverte adelante. Tú puedes elegir ahora y en cada minuto en el que estás consciente.

¿Qué quieres hacer con este minuto? ¿A qué le quieres prestar tu atención? Hay un truco para ayudarte a dirigir tu atención. Si piensas en lo que te gustaría crear en tu vida, normalmente te sientes bien y con ganas de conseguirlo. Si piensas en lo contrario, o si empiezas a quejarte, eso te hace sentirte mal. Así que, cuando estás de mal humor, comprueba tus pensamientos. ¿Estás pensando por décima vez en algo que te molesta sin poder encontrar una solución? ¿Crees que pensar más en ello lo solucionará? ¿O solo empeorará tu humor? Al final, tú puedes elegir en qué quieres pensar. No tienes que prestar atención a la situación actual todo el tiempo. Ya la conoces. Ya sabes cómo es. Pero ¿también tienes claro cómo te gustaría que fuera?

Camino al éxito.

Enfrentar nuestros miedos y temores.

Si estás motivado y quieres ponerte en marcha ya, estupendo. Si a lo largo de este mes se te acaba la motivación, vuelve a este post, porque ahora nos gustaría invitarte a experimentar con diferentes maneras de motivación y vencer tus miedos. Saliendo de tu zona de confort, te vas a tener que enfrentar a tus miedos, sobre todo al miedo de situaciones nuevas. A la mayoría de la gente nos pone nervioso el cambio, porque no sabemos si después vamos a estar mejor o peor. Pero si observas tu alrededor, te puedes dar cuenta que todo cambia en algún momento. De hecho, diría que el cambio es lo único constante en nuestro universo. Somos nosotros que juzgamos: este cambio es malo, este cambio es bueno. Pero ¿y si realmente no es ni bueno ni malo? ¿Y si cada nueva situación es otro trampolín a otra piscina? Tú tienes toda la libertad para probar, elegir lo que tú quieras. Si haces grandes o pequeños cambios en tu vida, habrá algunos que no te gustan. Pero cuánto más cosas nuevas pruebas, más encontrarás que te encantan. Y siempre quedará la pregunta: «¿Hay algo mejor que esto?». La curiosidad nos puede ayudar a vencer nuestro miedo a situaciones nuevas. Pero ¿qué puedes hacer enfrentado a otros miedos o inseguridades?

¿Cómo conseguir motivarnos para lograr nuestros objetivos?

La motivación parece ser un remedio mágico que todo el mundo está buscando ahora mismo. Muchas veces no tenemos ganas de trabajar y procrastinamos, menos las personas a las que realmente les apasiona su profesión. Si sientes pasión por algo, evidentemente, también estarás muy motivado para hacerlo, ¿verdad? Pero si te preguntan a ti qué es lo que te apasiona, ¿qué dices? Si lo tienes claro, estupendo; pero no pasa nada si no sabes contestar. Así que si no sabes qué te apasiona a ti, o si sientes que no hay nada que te interese especialmente, no te preocupes. Pienso que la sensación de hacer algo bien y de estar reconocido por ello, nos puede aportar mucha energía. Así que, el éxito es lo que deseamos y también es lo que nos motiva. Entonces, habrá que crear situaciones de éxito. De una cosa estoy segura, todo esto se encontrará fuera de nuestra zona de confort.

Encuentra y trabaja tus habilidades.

Para mantenernos motivados es importante poder celebrar pequeños éxitos con cierta frecuencia. Y la manera más fácil de conseguir esos éxitos, por supuesto, es contando con nuestras habilidades. Si haces lo que se te da bien, es más probable que tengas éxito. Es verdad que en muchas ocasiones tenemos que hacer cosas que no nos gustan, y entonces nos cuesta motivarnos.

Muchas veces somos nosotros que elegimos un camino complicado. Nos ponemos metas surrealistas y sin consideración por nuestros puntos fuertes y debilidades. Pero si somos conscientes de nuestras aptitudes, podremos actuar como corresponde. Por ejemplo, planificarás menos tiempo para una tarea que es fácil para ti, más tiempo para una tarea difícil. También puedes, simplemente, coger una hoja de papel y hacer una lista de tus habilidades. Apunta todo lo que se te da bien y también lo que solías hacer bien de joven. Apunta situaciones en las que otros te dijeron que algo te salió muy bien, pero a ti a lo mejor no te pareció importante. ¿En qué situaciones llamaste la atención de otros? ¿Tienes fama por algo entre tus amigos, por ejemplo? Por supuesto, no solo tenemos habilidades, pero también debilidades. Deberíamos conocer nuestros puntos débiles para saber en qué situaciones nos hará falta ayuda o más tiempo. Cuando estés en una situación que para ti es difícil, normalmente tienes tres opciones: puedes dejar que te desmotives y rendirte; puedes luchar y trabajar mucho hasta que consigas tu meta; o puedes pedir ayuda. Esta última opción me gusta mucho. Te puedes permitir tener debilidades, porque hay personas que pueden equilibrar nuestros puntos débiles. Así que puedes usar tus habilidades como base y crear una red de personas con diferentes puntos fuertes en tu alrededor. Simplemente recuerda que no eres la única persona en el mundo que lo tiene que saber y hacer todo.

Transforma tus limitaciones en puntos fuertes.

Darte cuenta que tienes muchas más posibilidades e ignorar esa voz que nos dice: «No, eso no es posible, eso no va a funcionar» o «Eso es demasiado caro». Ignórala, verás que encontrarás soluciones muy creativas. Siempre vamos a encontrar limitaciones, sea espacio, tiempo, dinero, etc. Estas limitaciones se pueden convertir en puntos fuertes. Digamos que quieres viajar a Australia, pero no tienes suficiente dinero. Hay, por ejemplo, la posibilidad de viajar y trabajar, así ganas dinero en el país que quieres visitar, conoces a la gente y su cultura. De repente, tu viaje se ha convertido en una aventura. Esto solo es una de muchas posibles soluciones.

Primeros pasos para abandonar la zona de confort.

Primeros pasos para empezar.

Primero, apunta tu objetivo y los pasos que te hacen falta para llegar ahí. Después piensa cuándo quieres haber realizado cada paso y también tu meta final. Apunta fechas realistas ¿Qué es una expectativa realista? Quiere decir que tengas en cuenta posibles retrasos, por ejemplo, puede que se junten algunos proyectos y de repente tienes más trabajo del que tenías previsto. O puede que alguien con quien habías contado se pone enfermo. Ahora puedes hacer un plan teniendo en cuenta que puedan surgir situaciones inesperadas. Cuando hayas decidido qué fechas pueden ser realistas, pasaremos a una parte muy importante de este proceso. Apunta qué es exactamente lo que debes tener hecho hasta cada fecha. Puedes también marcar submetas con más fechas.

Consigue ayuda para motivarte.

Cuando estés debajo de tus cobijas, escondiéndote del mundo podrás salir de ahí sin ayuda, pero con alguien en tu lado saldrás mucho más rápido. Por eso te aconsejo que te busques una persona para acompañarte en tus proyectos.

Por ejemplo, si quieres hacer un curso de yoga búscate a alguien que vaya contigo. Así os podéis motivar el uno al otro y es más divertido. O si quieres cambiar tu situación laboral, por ejemplo, y tienes tus metas apuntadas, comparte esos objetivos con alguien. Una vez que se lo has contado, te has comprometido esa persona te irá preguntando: «¿Qué tal vas?» Fuera de nuestra zona de confort nos enfrentamos a cambio y situaciones nuevas. Con eso, a veces nos asustamos y nos sentimos vulnerables, y es normal. De hecho, eso significa que lo estás haciendo bien. Estás en tu zona de aprendizaje donde todo es nuevo. Y lo bueno es que hay personas que te pueden acompañar, sean amigos, familia o, incluso, un coach.

Toma la responsabilidad de tu vida.

En el momento en el que decimos cosas como: «No puedo porque…» o «No es mi culpa, porque…», nos robamos a nosotros mismos el poder de mejorar nuestra situación, porque decimos que está fuera de nuestras manos. Pero dijeras: «Tal y como estoy, no me gusta, quiero estar más contento»; y te preguntaras: «¿Qué puedo hacer yo para mejorar mi situación?» Entonces, te harías cargo de tu propio bienestar, sin juzgar, sin echar la culpa ni a sí mismo ni a nadie. Simplemente, aceptarías que en este momento puedes elegir y cambiar para estar mejor. Así que si tu situación no te gusta o la cambias o vives con ella, pero no te quejes. Acepta que eres capaz de decidir y actuar. Simplemente pregúntate: ¿Qué puedo hacer yo para estar mejor?

Como seguir una vez estas fuera de la zona de confort.

Control y ajuste de nuestro proyecto

Puede que estés dudando si tus decisiones han sido correctas o simplemente puede ser que estés procrastinando mucho. Primero tendremos que aceptar que no somos perfectos y que cosas inesperadas pasan en la vida. A todo el mundo nos pasa a veces que al final nos damos cuenta que no podemos cumplir con lo que tenemos programado. A lo mejor, no hemos pensado en la posibilidad de perder un avión o ponernos enfermos, o subestimamos el tiempo que íbamos a perder por el tráfico, o no dejamos suficiente espacio para hacer pausas y estamos cansados. Por eso tendremos que ir actualizando nuestras metas según nuestro avance.

Una buena idea es marcar momentos de control y ajuste en el calendario. Dependiendo de tu proyecto, márcate uno cada semana. O uno al mes. Mira entonces por dónde vas y si tu planificación sigue siendo realista. Si no tienes estos momentos de ajuste, puede pasar que de repente te das cuenta que has perdido de perspectiva tu proyecto. Te puedes desmotivar y al final dejarlo por completo. Para que no pase eso, sigue actualizando tus objetivos.

Las dudas como herramienta para conseguir nuestras metas.

Hay varios tipos de dudas. A veces dudamos de nosotros mismos y si somos capaces de conseguir nuestros objetivos. Otras veces dudamos de nuestras decisiones y metas. Sea lo que sea, dudar siempre es incómodo, pero podemos usar esa sensación y convertirla en algo muy útil.

Las dudas pueden ser esos momentos de ajuste para nuestras metas. Te puedes preguntar entonces: ¿qué es lo que realmente importa para mí? ¿Sigo interesado en mi objetivo? Las personas cambian y, con ellas, evolucionan también sus deseos. Por eso la lista de tus metas no debe ser algo estático.

Imagínate, por ejemplo, que estás a punto de comprar una casa con un pequeño jardín. Has ahorrado dinero durante mucho tiempo, y ahora ha llegado el momento para hacer una oferta. Pero por alguna razón ya no estás seguro si realmente quieres esa casa. Ahora ves el jardín y todo el trabajo: cortar el césped, regar las plantas, y piensas que sería mucho más cómodo vivir en un piso. Que estés dudando de comprar esa casa es muy importante. Significa que tus deseos han cambiado, pero no has actualizado tus objetivos como corresponde. Esa duda, entonces, es una señal importante para ti. Para comprobar si lo que estás haciendo realmente te llevará a dónde quieres estar. A veces no dudamos de nuestras decisiones, pero sí de nuestra capacidad de conseguir el objetivo.

Eso también es una señal que nos dice que tenemos que ajustar nuestro punto de atención. ¿En qué estás pensando si dudas de tus habilidades? ¿En tu meta y las mejores maneras de conseguirla? ¿O está tu mente ocupada con tu propia autoestima, tus debilidades y tus miedos? Si piensas mucho en la manera de llegar a tu destino, puede que en algún momento te preguntas: ¿pero esto va a ser posible?, ¿voy a poder? Y si no funciona, entonces, ¿qué haré? Pero la preocupación no suele arreglar problemas. Así que tómate algunos momentos para no pensar en cómo vas a conseguir tu meta. Solo trata de crear una visión clara de tu deseo y disfrútala. Quita la presión. En ese momento no tienes que hacer nada. Solo vuelves a poner tu atención en tu objetivo. Esa sensación de duda es una señal para ti, que hay algo que ajustar: o es tu objetivo o tu punto de atención, o deberías cambiar las fechas y quitar algo de presión, o volver a crear una visión clara de tu meta.

Los errores como posibilidades de acción.

Fallar es inevitable. Aunque todo el mundo lo sabe, por alguna razón nos lo solemos tomar a pecho. Sabemos que de los fallos se puede aprender, que es normal que los cometamos, pero aun así a nadie le gustan. Para mí, el mayor problema es que a veces gastamos mucha energía y tiempo juzgando y castigándonos a nosotros mismos. Pensamos cosas como: «¡Qué mal te sale todo!» «¡Hay que ver qué tonto o tonta soy!», y más frases diseñadas para bajarnos la autoestima. Entonces nos sentimos mal, y hemos perdido tiempo y energía que podríamos haber usado ya para arreglar el problema. Viéndolo desde otro punto de vista, los fallos nos aportan informaciones importantes. Muchas veces, en el momento en el que te das cuenta que te equivocaste, piensas: «Debería haber hecho otra cosa», «Debería haberlo hecho de tal o cual manera.» Entonces, ya tienes varias nuevas posibilidades de acción gracias a ese error que cometiste.

En la vida, probamos algo nuevo y quizás tenemos éxito, quizás fallamos. Pero si sales de tu zona de confort, y las cosas no salen como lo esperabas y quizás te equivocas, es porque has tenido el valor para hacer algo nuevo. Eres como el científico comprobando su hipótesis, trabajando al ensayo y error; y gracias a esa experiencia, ahora sabes más y puedes ajustar tu experimento. Pero no pierdas ni tiempo ni energía enfadándote mucho contigo. No te hagas sentir mal a ti mismo por algo inevitable. Somos humanos y nos equivocamos también con cosas que ya deberíamos saber. Míralo como un experimento, sin juzgar. ¿Ha funcionado? Bien. Si no ha funcionado, pues inténtalo de otra manera.

Cómo mantenerse motivado.

A veces pasa que, aunque hayas marcado tu objetivo y realmente quieres llegar ahí, por el camino tengas que hacer cosas que no te gustan o te dan pereza, y es completamente normal. Sería un poco raro que todos estemos motivados y con ganas de trabajar y cambiar todos los días. Nos hacen falta descansos.

Ya hemos hablado mucho de la planificación, ahora acuérdate de dejar también espacios en tu calendario para recargar tus pilas. En el momento en el que tienes ese bajón de motivación, ¿qué es lo que realmente quieres? ¿Hacer otra cosa por completo? ¿Te sientes mal o culpable si haces otra cosa? El problema es que muchas veces en esas situaciones hay presión de afuera. Nos sentimos obligados, y entonces nuestro instinto es huir.

No queremos obligaciones. Pero te puedes preguntar lo siguiente: ¿Qué es lo que quiero y qué me hace falta para llegar ahí? Si esta tarea realmente es necesaria para conseguir tu meta, te puedes preguntar: ¿Voy a dejar que esta tarea me mantenga alejado de mi objetivo? ¿Voy a dejar que mi aversión a una tarea decida sobre mi éxito? ¿Quién decide entonces? ¿La tarea, el ordenador, el tráfico, el tiempo o yo? ¡Tú decides! Si prefieres hacer otra cosa, piensa cuáles serían las consecuencias y toma una decisión. Si vas a dar un paseo en vez de terminar tu trabajo, hazlo sin sentirte culpable. Has decidido. Ajusta tu calendario y ya está. Y si eliges el trabajo, ese paseo puede ser tu premio después. No te digo que debes elegir la tarea; lo que te digo es que te hagas cargo. Tú eres la única persona que conoce las consecuencias y tus propias necesidades. Así que decide por las razones que sean y reconoce tu decisión. Todo el mundo puede abandonar su zona de confort, aun así, no todos lo hacen. Tu motivación para salir es que ahí fuera hay algo que quieres, experiencias nuevas y éxito. Sabes que, si lo logras o no, está en tus manos. Nadie puede vivir tu vida por ti. Sólo tú puedes decidir qué es lo que quieres y hacerlo.

Celebra los éxitos conseguidos.

Los grandes éxitos se celebran a lo grande: una carrera terminada, un nuevo trabajo, una boda, todo eso es digno de una fiesta. De estos momentos hay bastante en la vida, pero no ocurren para nada a diario. Pequeños éxitos son los que logramos todos los días, muchas veces sin reconocerlo. Le pasa a mucha gente que tiene una lista de tareas, y cuando termine una tarea ya va corriendo a la siguiente, y por la noche en vez de descansar piensa ya en la lista del día siguiente. Si a ti te pasa algo parecido, sabes que eso puede ser un estilo de vida bastante estresante. Pero qué pasaría si te tomases un momento, y digo literalmente «un momento», no tienen que ser diez minutos ni cinco, solo suficiente tiempo para parar y reconocer lo que has logrado. Puede ser durante el día o por la noche antes de dormir. Cuando logres una de tus metas en tu proyecto de salir de tu zona de confort, celébralo, haz algo simbólico. Y si es solo tomarte una taza de café, poner tu canción favorita, darte una palmadita en el hombro, o lo que se te ocurra, lo importante es que te tomes ese momento, que pares y reconozcas tu esfuerzo.

Conclusiones.

Podemos abandonar nuestra zona de confort por obligación o por decisión nuestra. Si nosotros mismos nos hacemos cargo, decidimos en qué dirección salimos. Por tanto, nosotros elegimos el destino y tenemos la oportunidad de realizar nuestros deseos. Así que no tiene que significar que hagamos cosas que no nos gustan. Al revés, si tú eliges salir de tu zona de confort para conseguir lo que quieres, tienes la mejor motivación posible. Puedes buscar actividades que disfrutar y experimentar con todo lo que has aprendido en este curso. Sigue a tu curiosidad y descubre maneras de lograr tus objetivos.


 

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