Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, los dos investigadores de la Oxford Martín School que en 2013 prendieron una alarma a escala mundial cuando publicaron un estudio pronosticando que el 47% de los empleos podría desaparecer en los próximos 15 o 20 años por la automatización. El estudio cayó como una bomba en el mundo académico y económico no tanto por su tesis, sino porque los dos investigadores habían acompañado su trabajo con un ranking de 702 ocupaciones y sus respectivas posibilidades de ser eliminadas en las próximas dos décadas.

El estudio de Frey y Osborne coincidió con varias noticias que auguraban una nueva revolución de la robótica y la inteligencia artificial que eliminaría decenas de millones de empleos de todo tipo.

Varios economistas antes de Frey y Osborne ya habían alertado en años recientes sobre los posibles efectos disruptivos de los robots y la inteligencia artificial. Sus argumentos eran que, a diferencia de los avances tecnológicos del pasado, la tecnología ahora está avanzando de manera exponencial, cada vez más acelerada. Según la llamada ley de Moore -basada en un artículo de Gordon Moore, el cofundador de Intel, de 1965- la capacidad de las computadoras aumenta 100% cada 18 meses, lo que significa que el poder de las computadoras aumentará alrededor de 10.000% en 10 años. Y eso cambiará el mundo mucho más que en las últimas décadas, entre otras cosas porque la aceleración tecnológica ocurrirá no sólo en el campo de la computación, sino también en el de la biotecnología, la robótica y la nanotecnología.

Sin embargo, Frey quiso ir más lejos y se propuso estudiar los 702 trabajos del listado del Departamento de Trabajo de Estados Unidos y clasificarlos según su riesgo de ser aniquilados por las nuevas tecnologías. Para ello contactó a Osborne, un joven ingeniero especializado en robótica e inteligencia artificial que enseñaba a pocas cuadras de distancia, en la Escuela de Ingeniería, y le pidió ayuda para crear un algoritmo que pudiera clasificar los empleos según su riesgo de desaparecer en los próximos años.

El ranking de los trabajos más amenazados.

El algoritmo de Frey y Osborne produjo un ranking que comienza con los empleos que tienen 99% de posibilidades de ser reemplazados por robots, drones, vehículos que se manejan solos y otras máquinas inteligentes. En esa categoría, según el algoritmo, se encuentran los telemarketers o vendedores que ofrecen productos por teléfono, los cuales ya han sido reemplazados por robots en muchos países, los vendedores de seguros, los auditores de cuentas, los bibliotecarios y los agentes aduaneros. Esas ocupaciones las sustituirán programas de computación que pueden acumular información, procesarla y hacer proyecciones para el futuro mucho mejor que los humanos, concluyó el algoritmo.

Empleados administrativos.

Entre los trabajos con 98% de posibilidad de desaparecer en los próximos 15 o 20 años, el estudio citó a los empleados administrativos, los empleados bancarios dedicados a analizar y procesar préstamos y los inspectores de compañías aseguradoras, cuyas tareas rutinarias pueden ser fácilmente emuladas por la inteligencia artificial. Y en la misma categoría de riesgo de desaparición están curiosamente los árbitros deportivos, cuyas decisiones serán cada vez más reemplazadas por drones y videos retroactivos de jugadas dudosas que las máquinas inteligentes pueden juzgar con mucha mayor precisión que los humanos.

Operadores y Vendedores.

Entre los empleos con 97% de probabilidades de desaparecer están las operadoras telefónicas y los vendedores en las tiendas, que ya están siendo reemplazados por el comercio electrónico y por los robots con aspecto humano (o humanoides), los cuales ya pueden responder preguntas de los clientes, de la misma manera en que SIRI, ALEXA, CORTANA y otros asistentes virtuales pueden contestarnos cuando les pedimos una dirección o algún otro dato a nuestros celulares o altoparlantes inteligentes. Otros empleos que corren 97% de riesgo de desaparecer, según el estudio, son los de agentes de bienes raíces, que al igual que los agentes de viajes están siendo reemplazados por portales de internet que nos permiten visitar virtualmente las casas que nos quieren mostrar, así como los cajeros, que ya están siendo reemplazados por máquinas lectoras de precios en muchas tiendas y supermercados.

Recepcionistas y camareros.

Entre los trabajos que corren hasta 97% de posibilidades de ser eliminados están, para mi sorpresa, los de recepcionistas y los camareros de restaurantes y hoteles. ¿Cómo puede ser eso?, les pregunté a los autores del estudio. Ya está pasando, me respondieron. En muchos restaurantes de comida rápida de Estados Unidos como McDonald’s, Chili’s, Applebee’s y Panera ya es habitual ordenar sus platos en una tableta a la entrada o fijada en la pared o en la mesa, y pagar la cuenta de la misma manera o a través de nuestros teléfonos. Y muy pronto los robots reemplazarán no sólo a los camareros, sino también a muchos chefs.

Cocineros y conserjes.

Entre los trabajos que figuran con 96% de riesgo de desaparición están los de cocineros, que ya están siendo reemplazados por brazos robóticas, tal como se ve en las cadenas de restaurantes de sushi de Japón, las secretarias administrativas, los conserjes de hotel, y las personas que atienden las casetas de información en las tiendas o lugares públicos, que cada vez más están siendo reemplazadas por tabletas electrónicas o robots con aspecto humano. También entre los trabajos que tienen 96% de probabilidad de desaparecer están los de taxistas, mensajeros y camioneros, que serán reemplazados por vehículos que se manejan solos, los guías de turismo, los técnicos dentales, los técnicos farmacéuticos, los carniceros, los asistentes de abogados y los contadores, dice el estudio de Oxford.

El caso de la agricultura en Estados Unidos.

Es difícil de creer, pero no será la primera vez en la historia que una serie de trabajos muy comunes desaparece y es reemplazada por otra. La agricultura era la industria que más gente empleaba en muchos países hasta hace poco y desapareció por completo como la principal fuente de trabajo. El porcentaje de gente que trabajaba en agricultura en Estados Unidos cayó de 60% de la población en 1850 a menos de 5% en 1970 y a 2% a principios del siglo XXI. Mientras que en 1910 había 12 millones de agricultores en Estados Unidos, 100 años después, en 2010, había sólo 700 mil, a pesar de que en ese lapso la población general del país se había triplicado. Y sin embargo, el mundo no se vino abajo. Por el contrario, el estándar de vida del promedio de los estadounidenses subió. Entonces, si la automatización del campo con los tractores y las computadoras revolucionó la industria agrícola y obligó a millones de personas a buscar nuevos empleos, ¿por qué no pensar que lo mismo ocurrirá con la revolución de los robots y la inteligencia artificial?

Los robots van a estar en todas partes.

Muy pronto, los robots van a estar no sólo en los hoteles, sino también en las calles, en las escuelas, en los hospitales, en los despachos de abogados y en todas partes. Los robots industriales se han utilizado desde la década de 1960, sobre todo en la industria automotriz, para realizar tareas repetitivas y relativamente simples. Sin embargo, hasta ahora no se habían extendido mucho más allá de las fábricas manufactureras. A pesar de los vaticinios de los dibujos animados futuristas como los Jetsons y de las películas de ciencia ficción que desde la década de 1960 auguraban la proliferación de robots como empleadas domésticas, choferes y hasta mascotas, la robótica estuvo estancada durante décadas.

Pero ahora, los robots han dado un salto mayúsculo gracias a que son cada vez más baratos y a que la inteligencia artificial y el cloud computing -la gigantesca base de datos conocida como la nube- le permiten a cada robot acceder a la experiencia de los demás robots. Antes, un robot era una máquina individual, que llevaba su propia información adentro y como máximo la compartía con un pequeño grupo de otros robots. Pero ahora, cada robot conectado a la nube tiene acceso inmediato a un número casi ilimitado de datos y a la experiencia de la población mundial de robots, que aprenden constantemente unos de los otros. Eso está revolucionando el mundo del trabajo.

La tecnología crece más rápido que el empleo.

El hombre primitivo tardó decenas de miles de años en propagar por el mundo adelantos tecnológicos como el fuego y la rueda. Eso permitió que, con el tiempo, se crearan nuevas aplicaciones y nuevos trabajos para estas tecnologías. Pero, desde entonces, los tiempos se han venido acortando. Mientras que en el siglo XVIII la Humanidad tardó 119 años en esparcir las máquinas de tejer fuera de Europa, en el siglo XX tardó apenas siete años en difundir internet desde Estados Unidos hacia todo el planeta y en el siglo XXI WhatsApp -el programa de mensajes de teléfonos celulares inventado por dos veinteañeros- logró en sus primeros seis años de vida 700 millones de seguidores, lo mismo que logró el cristianismo durante sus primeros 19 siglos.

Otro ejemplo de la aceleración tecnológica que estamos viviendo es la cantidad descendiente de años que han requerido varias tecnologías para llegar a 25% de la población de Estados Unidos. Cuando Estados Unidos comenzó a utilizar la electricidad a principios del siglo XIX, tuvieron que pasar 46 años para que la electricidad llegara a 25% de la población. Cuando se inventó el teléfono, pasaron 34 años para que fuera adoptado por el mismo porcentaje de la población. Con la radio, pasaron 32 años; con la televisión, 26 años; con las computadoras personales, 15 años; con los teléfonos celulares, 12 años; con internet, siete años, y con Facebook, apenas cuatro años. 23 Quienes encendían las lámparas de gas callejeras en el siglo XIX tuvieron varias décadas para adaptarse y cambiar de profesión mientras se expandía el uso de los faroles eléctricos. Hoy día, los trabajos de los vendedores, guardias de seguridad, cajeros de supermercados y hasta cirujanos están siendo amenazados por robots y algoritmos de un día para otro, sin darles mucho tiempo para reinventarse.

AT&T empleaba a 758 000 personas, google emplea a 55 000.

Una de las causas del creciente desempleo tecnológico es que gran parte de los actuales avances se dan en el campo del software, que genera mucho menos empleo que las industrias manufactureras de los siglos XIX y XX, afirman los tecnopesimistas. Muchos de los progresos tecnológicos del siglo XX, como la industria automotriz, la aeronáutica y la de las computadoras, eran innovaciones cuyo resultado final era una máquina, que requería una gran cantidad de mano de obra para ser fabricada y que tenía que reemplazarse al cabo de un tiempo y repararse cada tanto. Los programas de computación, en cambio, son hechos por menos personas, requieren menos mantenimiento y pueden actualizarse sin necesidad de acabar en la basura.

Mientras que en los años ochenta 8.2% de los nuevos empleos en Estados Unidos los crearon nuevas empresas tecnológicas que surgieron durante esa década, en los noventa ese porcentaje cayó a 4.2%, y en la década de 2000 podría haber caído a 0.5%, según algunos estudios. No es casualidad, entonces, que algunas de las empresas tecnológicas más grandes del mundo tengan mucho menos empleados que las principales manufactureras del siglo pasado. En 1964, cuando AT&T era la empresa de mayor valor de Estados Unidos, empleaba a 758 611 trabajadores, mientras que hoy día Alphabet, la empresa madre de Google -la compañía de mayor valor de mercado mientras se escriben estas líneas- emplea a 75 000 personas, o sea, menos de 10% de las personas que empleaba AT&T en su mejor época.

Blockbuster tenía 60 000 empleados, Netflix tiene 3 500.

Hay numerosos ejemplos de nuevas tecnologías creadas por un par de veinteañeros que aniquilaron a compañías gigantescas, aunque también es cierto que estas nuevas tecnologías hicieron abaratar los costos de muchos productos, lo que le ha dejado a la gente más dinero disponible para comprar otras cosas, creando empleos en otras industrias. Blockbuster, la cadena de renta de videos, se fue a la quiebra en 2013 tras haber tenido 60 000 empleados en su época de gloria en 2004; fue aniquilada por Netflix, una empresa que se puso en marcha con apenas 30 empleados. Netflix empezó alquilando películas en DVD a domicilio por correo y luego llevando películas a nuestros dormitorios por streaming o «video bajo demanda», con suscripciones que le permitieron a la gente recibir las películas en su casa en lugar de tener que ir a una tienda a buscarlas. Mientras Blockbuster llegó a tener decenas de miles de empleados, Netflix -que tiene 87 millones de suscriptores en 190 países y factura mucho más que Blockbuster en sus mejores tiempos- tiene apenas 3 500 empleados fijos, aunque genera miles de otros empleos indirectos con sus series televisivas.

De la misma manera, Kodak, la empresa emblemática de fotografía que llevaba 130 años de existencia y había llegado a tener 145 000 empleados en 1988, se fue a la bancarrota en 2012 por no innovar y meterse en la fotografía digital. Y fue desplazada en buena parte por lnstagram, una empresa de apenas 13 empleados que popularizó la aplicación que permite enviar fotografías por celular.

No es ningún secreto que las nuevas empresas tecnológicas en el mundo emplean a menos gente que las empresas tradicionales. Según el Banco Mundial, la industria de la informática y las telecomunicaciones emplea en promedio a sólo 1 % de los trabajadores en los países en vías de desarrollo. E incluso en Estados Unidos, el país que ha producido Google, Amazon y Facebook, las nuevas empresas tecnológicas creadas desde el año 2000 – incluidas las de comercio en línea y las redes sociales- representan apenas 0.5% del total de los empleos.

La tecnología crece más rápido que el empleo.

Muchos de los empleos que hoy conocemos van a desaparecer, aprender rápidamente nuevas habilidades es lo que hará la diferencia, por eso te dejamos un listado de las 10 profesiones del futuro y analices de cuál de ellas puedes sacar provecho:

  1. Los asistentes de salud.
  2. Los analistas de datos, ingenieros de datos y programadores.
  3. Los policías digitales.
  4. Los asesores de ventas.
  5. Los cuidadores y programadores de robots.
  6. Los profesores y maestros.
  7. Los especialistas en energías alternativas.
  8. Los artistas, deportistas y creadores de entretenimiento.
  9. Los creadores y diseñadores de contenidos comerciales.
  10. Los consejeros espirituales.

Fuente: Sálvese quien pueda – Andrés Oppenheimer


 

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